QUÉ ES ESPIRITUALIDAD

En tres palabras: Ser tú mismo.

Asociamos la espiritualidad a religiones, a metafísica, a rituales, a creencias. Es un concepto muy amplio, con el que tendemos a especular mucho. Se piensa que es algo que está fuera de nosotros. Sin embargo, es todo lo contrario. La espiritualidad es algo con lo que nacemos, todos somos seres espirituales. Lo creamos o no, lo queramos o no.

Desde el inicio de nuestros tiempos hemos venido haciendo los mejores esfuerzos para encontrar la felicidad y disfrutar de esta vida. Todos, de una u otra forma, buscamos ser felices.

El problema es que nos hemos enfocado en encontrar la felicidad fuera de nosotros, en placeres externos. Grandes casas, empresas, sueldos, títulos, vacaciones, compras, ropa, comida, sexo, etc. Estas cosas claro que nos dan satisfacción, pero se trata de una satisfacción limitada y con fecha de caducidad. Se trata de una ilusión de la felicidad. Una vez que nos hemos saciado con ellas, queremos más y más y el hoyo negro de la insatisfacción crece y crece.

¿Entonces, cuál es el mapa que nos lleva al tesoro escondido de la verdadera felicidad?

Mi afán por simplificar mi vida y mi natural curiosidad por nuestra existencia, me han llevado a leer e intentar comprender distintas filosofías de vida y religiones. Entendiendo hoy, que todas (sin excepción) son solo distintos caminos para subir a la misma montaña. Por lo mismo, son todas válidas siempre y cuando se pongan en práctica en el diario vivir. Porque no basta con creer, solo una práctica sostenida nos permite transformarnos, avanzar, crecer, evolucionar.

La evolución es algo que no podemos evitar, cada segundo que pasa estamos evolucionando como especie. Por lo tanto, evolucionar no es solo decisión de algunos, es parte de la naturaleza de todos.

Volviendo a las religiones.. Me gusta creer que nacieron de personas que también se cuestionaron su existencia y que también buscaban la verdadera felicidad. Y que después de observar mucho, analizar, reflexionar y dedicarse con profundidad y disciplina a ello, desarrollaron distintas filosofías y metodologías de vida que guiarían a aquellos que estuvieran en la misma búsqueda.

Es decir, las religiones aparecerían gracias a que ciertos individuos se dedicaron a cultivar su sabiduría (porque la sabiduría se cultiva) y poco a poco fueron compartiendo sus visiones y sus formas de ver y vivir con el resto. Luego, esas prácticas fueron repetidas, seguidas y alabadas por aquellos que se sintieron identificados con esas doctrinas y que vieron en aquellas enseñanzas una esperanza de vivir una vida mejor.

Por eso creo en el origen de todas las religiones, creo en que todas tienen una infinita sabiduría detrás y creo en la libertad de elegir la filosofía de vida que más le guste y se ajuste a uno. Las distintas religiones son necesarias para los distintos tipos de personas que existen. Ni una es mejor que otra y ni una es más correcta que la otra.

“Miren a lo que hemos llegado, a las guerras por religiones. Eso es ignorancia. Apegarse ciegamente a una religión o creencia es una forma de enfermedad mental.” Lama Yeshe

Nuestras mentes están contaminadas con creencias falsas de “soy esto” “tu eres lo otro” “esta religión es así” “mi religión es el mejor camino”, etc. La forma en que enjuiciamos es tan limitada.

Si a la final todos los textos y enseñanzas religiosas originales predican prácticamente lo mismo: Vivir en armonía con la naturaleza, practicar esa misma armonía los unos con los otros, desarrollar el amor y la compasión, liberarnos de los sufrimientos, no hacer daño, ser mejores versiones de nosotros cada día, explicarnos que somos parte de algo grandioso, de una inteligencia superior, acercarnos a esa inteligencia y darnos varias herramientas para lograrlo.

El problema es que con el tiempo nuestro ego a metido la mano y ha tergiversado la mayoría de las religiones. Causando odio y destrucción, alimentando la ilusión de la separación.

Creciendo en un entorno católico me di cuenta de que creer y no practicar es lo mismo que saber y no entender. O sea, lo mismo que nada.

¿Cuántas veces repetimos el Padre Nuestro o el Ave María de memoria? Sin realmente entender el significado de lo que estamos diciendo o sin aplicarlo en nuestra vida. ¿Quién no ha presenciado a la señora o al señor criticar o juzgar al cruzar la puerta de salida de la iglesia? He sido testigo de personas que se declaran absolutamente católicas y que evidentemente no quieren ni respetan a su prójimo “como a ellos mismos” ¿Saben por qué? Porque muchas de esas personas ni siquiera saben quienes son, no se conocen, no conocen la auto compasión, el auto perdón, el auto amor, ni el auto respeto, entonces.. Difícilmente podrán practicar estas virtudes con el resto. Y ojo que tampoco es su culpa, simplemente repiten lo que han visto sin cuestionarse nada.

En fin, hablo del catolicismo porque es la religión con la que crecí, pero se aplica lo mismo al hinduismo, budismo, islam, etc..

Practicar una religión se trata justamente de PRACTICAR.

La espiritualidad es práctica. Es transformación. Es deshacernos de todas nuestras máscaras, deshacernos de nuestros miedos y empezar a vivir desnudos y transparentes. La espiritualidad nos lleva a pelarnos como quien pela una cebolla, capa tras capa. A despojarnos de creencias erróneas, de emociones destructivas. Ser espiritual es SER TÚ MISMO.

Pero para poder ser tú mismo, tienes que conocerte primero. Me atrevería a decir que la mayoría de las personas no se conocen, no saben quienes son. Yo tampoco lo sabía. Creía saberlo, pero en realidad estaba respondiendo a un patrón de vida preestablecido y caminaba por ahí respondiendo a dichos patrones. Repitiendo, en modo robot, lo que el resto hacía, queriendo lo que todos “querían”, actuando como todos actuaban. Me conformaba con “ser parte del rebaño”. Llevaba un estilo de vida que parecía haber sido producido en serie.

Y lo malo de vivir en serie es que perdemos ¡grandes potenciales! Cada ser vivo es único, grandioso e irrepetible. Cada uno de nosotros tiene algo maravilloso que entregar, pero nos perdemos al querer ser todos iguales. Al mimetizarnos con una masa determinada que nos condiciona a seguir ciertas reglas para encajar en el molde.

Nacemos brillando con luz propia y a medida que crecemos esa gran llama se va reduciendo hasta acostumbrarnos a vivir con una mini llama, suficiente para sobrevivir pero no para realmente vivir.

Aceptar nuestra espiritualidad nos ayuda a recuperar esa gran llama, nos lleva a brillar nuevamente.

Cada año, desde nuestro nacimiento nos vamos llenando de basura (miedos, inseguridades, carencias, rabias, penas…) Entender y ver que somos seres espirituales nos limpia toda esa basura. La espiritualidad no es nada más que ponernos en contacto con nosotros mismos, con esa esencia que ya tenemos, que ya somos.

Cuando integramos esto, vemos todo con claridad. Es como si una nube espesa y gris se disolviera frente a nuestros ojos. Desaparecen los miedos, nos volvemos seres seguros, agradecidos, simples y felices. Porque entendemos quienes somos y no tenemos que esforzarnos por mostrarle a nadie nada, no gastamos energía en querer ser algo distinto a lo que ya somos. Simplemente nos liberamos de tantos años de creencias erróneas. Pasamos del “tengo que ser” al “soy”.

Crecemos con una idea preestablecida de lo que debemos ser. En el colegio nos dicen qué hacer y que no hacer, nuestras familias nos dicen qué es bueno y qué es malo, todo el mundo nos trata de moldear según sus parámetros y sus experiencias individuales, y así crecemos con deformaciones emocionales y sicológicas.

Espiritualidad es TRANSFORMAR esas deformaciones, transformar nuestras creencias, sanar nuestras emociones y limpiar tantos años de suciedad, de ignorancia. En el fondo, reparar el daño que nos hemos causado como sociedad.

Aceptar nuestro origen espiritual nos ayuda a transformar nuestra forma de vivir con el único objetivo de mejorar nuestro bienestar general. Encontrar paz en nuestra mente, calma y amor en nuestros corazones. La transformación es el único camino para la felicidad.

¡Tenemos un gran poder! Somos capaces de transformar cualquier cosa: nuestros pensamientos, nuestros hábitos, nuestra perspectiva, nuestras creencias, nuestro cuerpo físico, podemos transformarlo todo para nuestro beneficio.

“Puedes ir a la iglesia todos los domingos, al centro de Dharma todas las semanas. Puedes convertirte en yogui y usa miles de malas. Puedes viajar a la India y regresar adorando a un gurú.. ¿Pero hay espiritualidad o religión en tus acciones? Eso es lo que deberías preguntarte. ¿Qué te motiva a creer lo que estás creyendo. ¿Lo hago porque todo el mundo lo hace? Si no entiendes para qué lo estás haciendo y por qué lo haces.. No lo hagas.” Del libro “The peaceful, stillness of the silent mind”.

Todo lo que hacemos es coleccionar ideas, leemos libros con ideas fantásticas, religiones y filosofías que suenan muy bonitas. Pero no sabemos como ponerlas en acción. Es ahí cuando se genera el problema, porque en el fondo fondo no entendemos lo que estamos haciendo.

Generalmente adoptamos filosofías, creencias o ideas porque crecimos con ellas, porque todos lo hacen o porque suenan muy lindas y esperanzadoras. Pero ¿Qué te gusta realmente de esa filosofía o religión? ¿Te has preguntado si encaja en tu diario vivir, si te es posible practicar esa filosofía o si te está ayudando en algo?¿ A ser mejor persona? ¿A sentir más calma en tu día a día? ¿A ser más feliz?

Puedes haberte estudiado la biblia o el corán de inicio a fin y tener tu cabeza llena de creencias e ideas, pero si no sabes aplicarlas en tu vida, si no entiendes cómo esas ideas pueden ser aplicadas en tu diario vivir para mejorar tu vida y la del resto estás mal entendiendo lo que es una religión y su propósito en nuestra vida.

No creo que Jesús, el Buddha o Al-lāh hayan dicho “Crean en esto porque YO lo digo”. Me imagino que su llamado era a practicar sus enseñanzas en el día a día. Experimentar con sus sabias doctrinas y aplicarlas individualmente en nuestra vida. Cree en algo que te haga sentido, que puedas llevar a la experiencia.

Las prácticas religiosas o espirituales son absolutamente individuales. No se trata del templo, de la iglesia, de lo que llevas puesto, de los objetos sagrados o de los rezos memorizados. Si no aplicamos estos conocimientos para mejorar nuestra calidad de vida y la de los demás, para vivir en paz y en calma, para transformar nuestras vidas de forma positiva. No importa lo que hagamos, nunca encontraremos paz mental. Porque mientras depositemos nuestra fe en cosas externas y en adornos filosóficos, más inconformes e insatisfechos estaremos. Más nos alejaremos de la verdadera felicidad.

La espiritualidad se practica a diario. Se trata de tu actitud, se trata de tus acciones en el día a día. De practicar el silencio cuando hayas hablado de más, la compasión cuando alguien te ha agredido, el amor en cada acto de tu día, la paciencia, el respeto, practicar el no juzgar, etc.

El mapa hacia el tesoro escondido de la verdadera felicidad es despertar de esta gran ilusión. Conocerte, entender quien realmente eres, aceptarte, amarte y desde ahí transformar tu vida. Transformar tus pensamientos, tus palabras, tus acciones. Hacer de esa transformación una práctica diaria. Estar consciente y presente en cada instante para poder identificar creencias erróneas, emociones negativas y pensamientos destructivos que siempre buscan aparecer. Poco a poco empezarás a experimentar una vida espiritual, te verás siendo más honesta/o contigo y con los que te rodean, tu vida se simplificará, la nube gris desaparecerá y la felicidad verdadera asomará. Poco a poco verás que ser espiritual es simplemente ser tú mismo.

Con amor desde Rishikesh, India

 

P.D: Agradezco infinitamente a los mojes budistas que se han cruzado en mi camino, al hinduismo y a los indios. A los retiros de silencio, a los libros, a quienes los escribieron, a las grandes personas que he conocido en este viaje y agradezco a la maravillosa India por ayudarme a seguir expandiendo mi consciencia, por ayudarme a entender en un nivel más profundo de qué se trata esta vida linda que a todos nos han regalado.

{Algunas frases son extractos y traducciones del libro “The peaceful, stillness of the silent mind” de Lama Yeshe.}

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