VOLVIENDO A LO SIMPLE. VIDAS SATURADAS. SIN ESPACIOS

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Cuando viajas con poca ropa tienes que preocuparte de lavar cada 2 o 3 días máximo. Hoy tuve que lavar toda mi ropa de una sola vez, al parecer me picaron unos bichitos que dejan huevos y todos en la casa donde estoy viviendo me recomendaron lavar todo! Lo sucio y lo limpio.. Así que partí con mi ropa a la piedra de lavar, una piedra plana que la dueña trajo desde las montañas muchos años atrás, que está ubicada a un costado trasero de la casa, dentro de un invernadero, en el suelo, sobre unas rocas..

Estuve lavando prenda por prenda, agachada, me demoré alrededor de 3 horas. Refregando mangas, bastas, cuellos, cada extremidad de las prendas eran refregadas sobre la piedra. Mientras lavaba pensaba en todas las mujeres que hacen esto a diario, tremendo trabajo. Pero a la vez, sentí la gratificación de llevar una vida en la que uno puede tomarse 3 horas para lavar su ropa a mano. Es lindo estar ahí, en contacto con esa piedra, en contacto con el agua, oliendo a limpio y viendo como tú ropa se contagia de ese olor. Es satisfactorio ver cómo al enjuagar cada prenda el agua se va tornando de gris a transparente, es tan rico sentir como tú ropa se va limpiando. Porque al mismo tiempo tu mente se va limpiando con ella.

Por la tarde me puse algunas de las prendas que ya se habían secado y me senté en un restaurante a comer algo. Y desde el pañuelo que envolvía mi cuello, emanaba olor a limpio y al rozar mi piel sentí una suavidad distinta, una suavidad acogedora.

Fue esa sensación acogedora la que me hizo reflexionar sobre la importancia de relacionarnos con nosotros mismos y de regalarnos tiempos y espacios para volver a lo básico, para involucrarnos en simples actividades cotidianas. Comer un plato preparado por ti mismo nunca es lo mismo que comer en un restaurante, simplemente tiene otro sabor. Estuviste ahí, eligiendo los ingredientes, oliéndolos, en contacto directo, sabes exactamente cada paso que diste al preparar esa comida. Fuiste parte del proceso, probaste, decidiste, combinaste.. Y cuando te sientas a comer, se convierte casi en una celebración. Tu relación con ese alimento está a otro nivel.

Lo mismo cuando lavas tu ropa a mano, prenda por prenda, vez cosas en esas prendas que nunca antes habías visto y tu relación con ellas se transforma. Y así, cada cosa que uno hace para uno es una forma distinta de relacionarse con uno, de conversar contigo, de entenderte mejor, de demostrarte cariño. Lavar los platos, limpiar tu casa, tejerte un gorro. Ya no hay tiempo para tomarnos estos espacios. Espacios que son fundamentales para simplemente estar con nosotros. Tal vez nuestros abuelos no necesitaban meditar porque sus vidas estaban llenas de espacios para compartir con ellos mismos. Sus mentes permanecían más tiempo calladas. Sin querer eran sus propios terapeutas. Quizá resolvían sus conflictos durante sus viajes a caballo, desgranando arvejas, tejiendo, imagino que se resolvían solos al darles el espacio necesario para aparecer y disolverse en la profundidad de una mente clara, sin turbulencias.

Hoy nuestras mentes están saturadas, confusas, llenas de smog, así como nuestras casas o dormitorios viven repletas. Nuestro exterior es el reflejo de nuestro mundo interior así que si queremos limpiar nuestra mente de tanta basura, empecemos por vaciar nuestros closets, nuestras casas.. Generemos espacios para poder oxigenar nuestros conflictos, nuestras emociones. Una persona feliz es aquella que puede pensar con claridad. Pero es imposible pensar con claridad si nuestra mente y nuestra vida está atochada de información, de cosas que no necesitamos, de noticias, de mensajes, de opiniones, de juicios. Recordemos que solo nosotros tenemos el poder de filtrar lo que entra a nuestra mente, a nuestra vida. Seamos más conscientes de ello. Limpiemos ese filtro, generemos espacios, espacios en los que podamos conocernos mejor. Al escarbar y permitirte conocer quién eres, abres una puerta para transformar tus miedos, tus traumas, tus angustias, tus penas. Y al generar espacios, permites que estas emociones (generalmente destructivas) encuentren una salida, se liberan de ti y tú te liberas con ellas.

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